Semana Santa

Semana Santa

 

Domingo de Ramos

La entrada en Jerusalén

 

 

(Escogemos las lecturas del ciclo A)

 

 

 

LEE y PIENSA

 

Mañana de Pascua

 

 

La Colección Permanente Thyssen-Bornemisza de Madrid guarda una pequeña joya del romanticismo pictórico alemán titulada “Mañana de Pascua”. En un pequeño lienzo de algo más de unos 40 x 30 centímetros, su autor, Caspar David Friedrich, representa –en palabras de Wilhelm Wegener, propietario de la tela en 1859– a tres mujeres que “caminan rígidamente hacia el cementerio, por la mañana muy temprano. Todavía no ha amanecido, y la luna, alta en el firmamento, aún permanece, aunque ya no ilumina el paisaje y no arroja sombras. Los viejos árboles al lado del camino están echando yemas, y en los campos se ven los verdes brotes que han sobrevivido al invierno. La naturaleza celebra su despertar". La escena del cuadro se parece a la que relata Marcos en el evangelio más antiguo de la Resurrección de Jesús. Y quizá, la fuerza emotiva que comunica la pintura de Friedrich te ayude a captar el ambiente que envolvía, aquella primera mañana de Pascua, a María Magdalena, María de Santiago y Salomé. Verás: Tras la noche de la crucifixión de Jesús, aunque se respira una profunda quietud –todo está dormido, como muerto–, las tibias luces del amanecer van vistiendo de color la penumbra nocturna y ayudan a distinguir la vida que parece escondida y comienza a reverdecer. No lo dudes: desde aquel primer domingo de Resurrección, vivimos una constante mañana de Pascua. Gracias al Resucitado, si quieres, puedes apoyar tu vivir en la esperanza fiable de que la Vida tendrá la última palabra sobre la muerte. Pero no sólo después de morir; ya, desde ahora, esa vida abundante y eterna se nos anticipa en cada minuto de nuestra existencia. Sólo tienes que aprender a mirar con ojos de Pascua. Es cierto que los lutos del mal y la muerte, reflejados en las adversidades, el dolor, el odio, la injusticia, la mentira o la violencia, aún ensombrecen los días de las personas. No hemos de ser ingenuos. Y sin embargo, junto a estos signos de noche, cada vez alumbran más luces matinales de vida: junto a la adversidad, siempre hay una mano que ayuda; al lado del sufrimiento, sobreabunda el consuelo nacido del cariño sincero; tras un conflicto, no falta una palabra que anima a la reconciliación; en medio de las muchas guerras y tragedias que aún padecemos, cada vez son mayores la solidaridad de muchos con las víctimas y los esfuerzos decididos de la gente para pacificarlas y superarlas. La potencia del amor incondicional renace siempre sobre la muerte, en el silencio de tantos sepulcros que el Dios de la Vida sigue dejando vacíos en esta larga mañana de Pascua. “No os asustéis –serena a las mujeres un joven, en el evangelio–. Al que buscáis entre los muertos, no está aquí. ¡Ha resucitado! Id a Galilea; allí le veréis”. El Camino de la Vida termina en la Galilea de tus días cotidianos. ¡Abre los ojos!; tienes mucha vida que descubrir, agradecer y celebrar. Porque Él –no lo olvides– ha venido para que tengas vida en abundancia. ¡Feliz Pascua de Resurrección!
Luis del Buey

 

 

Luis del Buey

 

 

ESCUCHA y CONTEMPLA 

 

 

Ahora, entra en el aposento de tu corazón, cierra la puerta con la llave del silencio, y lee el fragmento “Las grandes historias” de El Señor de los Anillos y saborea las palabras que te regalan. Luego recorre tu historia a la luz de La Pasión y Resurrección de Jesús. (FICHA).


Las Grandes Historias (El Señor de los Anillos)
 

FRODO: No puedo hacer esto, Sam.

SAM: Lo sé. Ha sido un error. No deberíamos ni haber llegado hasta aquí. Pero, henos aquí… igual que en las grandes historias, señor Frodo. Las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros. Ésas de las que no quieres saber el final porque… ¿cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era, después de tanta maldad como ha sufrido? Pero, al final, todo es pasajero… como esta sombra. Incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Ésas son las historias que llenan el corazón porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero… creo, Señor Frodo, que ya lo entiendo; ahora lo entiendo. Los protagonistas de estas historias se rendirían, si quisieran; pero no lo hacen. Siguen adelante porque todos luchan por algo.

FRODO: ¿Por qué luchas tú, ahora, Sam?

SAM: Para que el bien reine ahora en este mundo, Señor Frodo. Se puede luchar por eso.


A la Luz de la Pasión

 

Tu vida es también una de esas grandes historias. Recórrela a la luz de La Pasión y Resurrección de Jesús. Recuerda los acontecimientos más destacados y las personas que han estado presentes:

Al igual que hizo Jesús, ¿quiénes, al entregarlo todo para que ahora tengas una vida más plena, han luchado en tu historia personal para que el bien reinara en el mundo? Recuérdales y agradécele a Dios estos regalos suyos. ¿Qué aprendes de ellos? Concreta cómo puedes vivir como ellos tu vida.

¿De qué momentos de “jamartía” necesitas ser salvado? Recuerda qué posibilidades de vida plena frustraste, y pide a Jesús que, con su Pasión, te resucite a una vida nueva.

¿Qué aspectos de tu vida debes entregar para salvar tu vida y tener vida plena?

 

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Jueves Santo

La Última Cena

 

 

(Escogemos las lecturas del ciclo A)

 

 

 

LEE y PIENSA

 

La experiencia clave

 

A estas alturas no te desvelo nada si te digo ue la Experiencia Clave en el Camino de la Vida es el Amor: amar y ser amado; el anhelo más profundo de nuestro corazón humano, y nuestra “imagen y semejanza de Dios”. En el marco de su Última Cena, Jesús lo formula en su mandamiento: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado” (Jn 13, 34). Y antes, al sentarse a la mesa, lo ha mostrado ya en la escena en que, actuando como un criado, los pies de los apóstoles son lavados por Él. Convéncete: a la Vida en plenitud sólo nos lleva un amor recíproco; pero no como mera correspondencia ante lo recibido, sino como un doble acto de nuestra libertad. Un acto libre, en primer lugar, de acogida. Una acogida que supone aprender a aceptar todo como don, con la humildad de quien reconoce que el centro y protagonista es el otro y su generosidad. Sin embargo, lo que convierte la entrega en regalo no es sólo la gratuidad de quien da, sino también la capacidad de ser acogido por quien lo recibe. ¡Qué desencantados nos quedamos cuando el destinatario de nuestro obsequio no muestra ningún interés por él! Ésta es la resistencia que Jesús corrige en Pedro: “Si no te lavo los pies, no podrás contarte entre los míos”. Alcanzamos una vida plena cuando aprendemos a recibir lo que nos acontece como un don, como un regalo de Dios, que comienza por nuestra existencia como entrega de otros. Aunque, como hombres modernos, el obstáculo mayor lo encontramos en la afirmación desmedida de nuestra autonomía, hasta convertirla en una autosuficiencia que valora lo recibido como un derecho exigible, y así adultera e imposibilita el amor de otros. Ante ello, créeme, el mejor antídoto es ser agradecidos. Y la sinceridad del agradecimiento sólo se expresa por medio de otro acto de libertad, el que completa el amor recíproco del mandamiento nuevo: el servicio. Por eso, Jesús aparece ante Pedro como siervo. Amar significa servir. El servicio que procede del amor nos hace parecernos al Dios de la Vida. Y servir significa, como escribía Ignacio Ellacuría, enfrentarse a la realidad de tres formas: hacerse cargo, cargar y encargarse de ella. “Hacerse cargo” exige tomar conciencia del otro, hacerlo experiencia propia. “Cargar” es dejarse afectar por su persona y su realidad, hacerlo intimidad propia. Y “encargarse” de él conlleva implicar la propia vida en beneficio de la suya, con toda la potencia que, como siervo, supone rebajarse para vaciarse en el otro. Así es el amor que Jesús manifiesta con su vida y su muerte; y el que te ofrece y alimenta en ti cada vez que te acercas a recibir la eucaristía, como a sus discípulos, aquella Última Cena: una invitación constante a hacer de este amor recíproco, del agradecimiento y del servicio, la Experiencia Clave de tu vida.

Luis del Buey

 

ESCUCHA y CONTEMPLA

 

 

 

 

Ahora, entra en el aposento de tu corazón, cierra la puerta con la llave del silencio, y recorre tu historia a la luz de la Última Cena de Jesús. (FICHA).


A la Luz de la Última Cena
 

Tu vida es también una de esas grandes historias. Recórrela a la luz de Última Cena:

Haz una lista de las situaciones y personas son un don para ti. ¿Cuántas has agradecido? El Jueves Santo es un buen día para agradecer a Dios y a los demás todo el amor recibido.

Revisa las principales circunstancias de la vida a la luz del servicio. Concreta…

  • Cómo te haces cargo de ellas,
  • Cómo cargas con ellas,
  • Cómo te encargas o quieres encargarte de ellas. 

 

 

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Viernes Santo

Pasión del Señor

 

 

(Escogemos las lecturas del ciclo A)

 

 

 

LEE y PIENSA

 

Tocar fondo

 

Ante la Pasión y Crucifixión de Jesús caben pocas palabras. Si has estado cerca de un enfermo o has sufrido en carne propia la enfermedad; si se te ha muerto alguna persona querida o has acompañado a alguien que ha pasado por ese trance; si has visto o vivido el dolor que causa la pobreza, el hambre, la injusticia, el abuso o la explotación; si has estado próximo a las víctimas de la violencia, de cualquier violencia; si has vivido el desamor de una pareja rota o te ha acongojado la angustia de su separación; si te has sentido solo o abandonado como muchos niños o ancianos; si te han traicionado o has tenido que aguantar la mentira, el engaño o el odio, especialmente por parte de alguien muy cercano… Si te ha alcanzado de cerca el sufrimiento, no te será difícil, al menos, imaginar toda la amargura de Jesús, aquel primer Viernes Santo. No te invito a un ejercicio de masoquismo; el dolor por el dolor no tiene sentido alguno. Únicamente quiero que lo contemples desde la empatía. Sólo quien ha vivido una experiencia similar puede ponerse completamente en la piel de otro. Por eso, en los padecimientos de Jesús, el Dios de la Vida se ha hecho íntimo de cada ser humano sufriente; también de ti. En ellos, ha llegado a la solidaridad plena con cada uno de nosotros, porque en Jesús ha asumido todo lo humanamente asumible, hasta tocar fondo. Y lo ha hecho como cualquier corazón humano al conocer, en su propia experiencia dolorosa, nuestros sentimientos ante todo dolor: la tristeza, el fracaso, la angustia, la desolación, incluso el abatimiento extremo de quien se siente abandonado por el silencio de Dios. “¿Dónde está Dios?”, se han preguntado muchos –quizá también tú– ante el horror de tanta atrocidad que causa dolor a las personas. Sin embargo, sabes también que sólo puede consolar profunda y creíblemente quien ha pasado por la misma situación de otro. De su solidaridad en el dolor; de su entrega plena y anonadamiento por amor y como manifestación completa del Amor Incondicional que nos tiene a cada uno el Dios de la Vida; sólo de ellos nace el sentido, el único sentido que puede tener el sinsentido de cualquier sufrimiento; también el de los tuyos. En el amor de la Cruz de Jesús, todo nuestro dolor ha tocado fondo y ha sido puesto bajo el signo de la bendición al trazarnos, mediante el perdón y la solidaridad que nace de la compasión, el Camino de la Vida Plena. Un camino que culmina en la esperanza pascual de que el Amor tendrá la última palabra. Nadie como su madre María estuvo tan cerca de su dolor. Nadie como María te puede acompañar por las sendas oscuras del sufrimiento para que, en Jesús, encuentres sentido y consuelo, y seas compasión viva para todos aquéllos “crucificados” por el dolor, en quienes se actualiza su Pasión. Recuérdalo cuando hoy adores la Cruz de Jesús y la beses con el corazón.


Luis del Buey
 

 

 

 

ESCUCHA y CONTEMPLA

 

 

 

 

Ahora, entra en el aposento de tu corazón, cierra la puerta con la llave del silencio, y contempla la Pasión de Jesús. Recorre después el camino de tus sufrimientos personales y de otras personas conocidas a la luz de la Pasión de Jesús. (FICHA). Finalmente, coloca todos estos sufrimientos bajo el signo de la bendición de la Cruz y adórala recitando la oración “Al Dios de la Cruz”, de Javier Zambrano.



A la Luz de la Pasión
 

Tu vida es también una de esas grandes historias. Recórrela a la luz de La Pasión de Jesús. Recuerda los acontecimientos más destacados y las personas que han estado presentes:

Como María, acompaña los distintos momentos del relato de la Pasión de Jesús. Presta atención alos deseos y emociones que despierta en ti.

Recorre ahora los momentos dolorosos de tu historia y tu vida, siendo consciente del sufrimiento que te producen. Sólo lo podrás hacer con paz y encontrarás consuelo y sentido, si sientes, en la cercanía de Jesús a tu dolor, la solidaridad del Dios de la Vida. Luego, perdona a quienes los causan para encontrar el Camino de la Vida.

Recorre después los sufrimientos de las personas que conozcas o tengas noticias de ellas. Hazlo nuevamente desde la cercanía de Jesús para sentir la solidaridad del Dios de la Vida. Concreta de qué manera puedes ofrecerles tu compasión para encontrar el Camino de la Vida.

Finalmente, coloca todo este sufrimiento bajo el signo de la Bendición de la Cruz de Jesús, adorándola mientras recitas la oración “Al Dios de la Cruz”.
 

 


Al Dios de la Cruz de Javier Zambrano

 


Dicen que eres un Dios lejano,
que vives desentendido del dolor de la gente.
Dicen que Tú no sufres; que ni sientes ni padeces…
que no te duele este mundo porque en él los hombres mueren.
Y yo te miro en la cruz, sereno,
Hecho pobre entre los más débiles,
descendiendo de tu cielo a esta tierra para asumir nuestra muerte;
para hacerte como uno de nosotros y estar entre tus criaturas presente.
¿Cuándo estuvo Dios más cerca del hombre?
¿Cuándo el hombre contempló lo más divino si no es clavado en esos dos maderos,
Con sus brazos extendidos, sosteniendo todas nuestras cruces
y a nuestro cansancio dando alivio?
Divinos los maderos que a tu cuerpo sostienen.
Jamás pudo la tierra engendrar árbol más noble que el que mostrase a este mundo
a un Dios que, haciéndose hombre, se torna ofrenda y da la vida;
y muriendo, hace que de la cruz broten un nuevo cielo y una nueva tierra,
donde Dios lleva “Amor” por nombre, donde sus ojos brillan en cada rostro
porque Dios en él se esconde.
¡Oh, Cruz gloriosa, torrente de Vida!
Frente a ti se desvanecen las tristezas y sanan todas nuestras heridas.
¡Oh, Cruz de amor, fuente del mayor consuelo,
en la que Dios se baja hasta el hombre para acercar al hombre al cielo!
Bendita cruz que encierras el misterio de un Dios que muriendo se hace Vida,
y de un amor que nos hace nuevos:
que nos torna de esclavos en hijos,
y como hijos nos hace herederos de una promesa infinita en un mundo venidero,
donde no existan más penas, ni cruces, ni lamentos,
porque al fin todos seamos uno contigo,
Dios Padre, en tu Reino.

 

 

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Domingo de Resurrección

Ha resucitado

 

 

(Escogemos las lecturas del ciclo A)

 

 

 

LEE y PIENSA

 

La Colección Permanente Thyssen-Bornemisza de Madrid guarda una pequeña joya del romanticismo pictórico alemán titulada “Mañana de Pascua”. En un pequeño lienzo de algo más de unos 40 x 30 centímetros, su autor, Caspar David Friedrich, representa –en palabras de Wilhelm Wegener, propietario de la tela en 1859– a tres mujeres que “caminan rígidamente hacia el cementerio, por la mañana muy temprano. Todavía no ha amanecido, y la luna, alta en el firmamento, aún permanece, aunque ya no ilumina el paisaje y no arroja sombras. Los viejos árboles al lado del camino están echando yemas, y en los campos se ven los verdes brotes que han sobrevivido al invierno. La naturaleza celebra su despertar". La escena del cuadro se parece a la que relata Marcos en el evangelio más antiguo de la Resurrección de Jesús. Y quizá, la fuerza emotiva que comunica la pintura de Friedrich te ayude a captar el ambiente que envolvía, aquella primera mañana de Pascua, a María Magdalena, María de Santiago y Salomé. Verás: Tras la noche de la crucifixión de Jesús, aunque se respira una profunda quietud –todo está dormido, como muerto–, las tibias luces del amanecer van vistiendo de color la penumbra nocturna y ayudan a distinguir la vida que parece escondida y comienza a reverdecer. No lo dudes: desde aquel primer domingo de Resurrección, vivimos una constante mañana de Pascua. Gracias al Resucitado, si quieres, puedes apoyar tu vivir en la esperanza fiable de que la Vida tendrá la última palabra sobre la muerte. Pero no sólo después de morir; ya, desde ahora, esa vida abundante y eterna se nos anticipa en cada minuto de nuestra existencia. Sólo tienes que aprender a mirar con ojos de Pascua. Es cierto que los lutos del mal y la muerte, reflejados en las adversidades, el dolor, el odio, la injusticia, la mentira o la violencia, aún ensombrecen los días de las personas. No hemos de ser ingenuos. Y sin embargo, junto a estos signos de noche, cada vez alumbran más luces matinales de vida: junto a la adversidad, siempre hay una mano que ayuda; al lado del sufrimiento, sobreabunda el consuelo nacido del cariño sincero; tras un conflicto, no falta una palabra que anima a la reconciliación; en medio de las muchas guerras y tragedias que aún padecemos, cada vez son mayores la solidaridad de muchos con las víctimas y los esfuerzos decididos de la gente para pacificarlas y superarlas. La potencia del amor incondicional renace siempre sobre la muerte, en el silencio de tantos sepulcros que el Dios de la Vida sigue dejando vacíos en esta larga mañana de Pascua. “No os asustéis –serena a las mujeres un joven, en el evangelio–. Al que buscáis entre los muertos, no está aquí. ¡Ha resucitado! Id a Galilea; allí le veréis”. El Camino de la Vida termina en la Galilea de tus días cotidianos. ¡Abre los ojos!; tienes mucha vida que descubrir, agradecer y celebrar. Porque Él –no lo olvides– ha venido para que tengas vida en abundancia. ¡Feliz Pascua de Resurrección!
 

Luis del Buey

ESCUCHA y CONTEMPLA

 

 

Ahora, entra en el aposento de tu corazón, cierra la puerta con la llave del silencio, inundada por la belleza del cuadro “Mañana de Pascua” sirviéndote del comentario de Mar Borobia . Luego, contempla y escucha el vídeo “Con ojos de Pascua”, sobre la canción “La vida”, de Silvio Rodríguez. Finalmente reconoce qué signos de Resurrección llenan de esperanza las noches de tu vida. (FICHA).



Comentario a Mañana de Pascua de Caspar David Friedrich
por Mar Borobia (Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid)


El romanticismo alemán está representado en nuestro museo con un lienzo del mejor intérprete de este movimiento: Caspar David Friedrich. Mañana de Pascua se ha fechado en la etapa de madurez del artista (…). Esta tela perteneció a Wilhelm Wegener que en 1859 la describió de la siguiente manera: "Tres mujeres caminan rígidamente hacia el cementerio por la mañana muy temprano. Todavía no ha amanecido, y la luna, alta en el firmamento, aún permanece, aunque ya no ilumina el paisaje y no arroja sombras. Los viejos árboles al lado del camino están echando yemas, y en los campos se ven los verdes brotes que han sobrevivido al invierno. La naturaleza celebra su despertar". Este fragmento de Wegener, además de describir la obra fielmente, desbroza el simbolismo que contiene el óleo. (…) Los paisajes de Friedrich, silenciosos y de una honda quietud, contienen un simbolismo alusivo a la vida y a la esperanza que el artista plasma a través de una iconografía personal. En este cuadro, como en otras pinturas, Friedrich se sirve de determinados elementos para comunicarnos un mensaje religioso sin recurrir al repertorio tradicional de imágenes. El paisaje es el medio con el que este artista nos trasmite sus ideas y del que se vale para expresarnos sus propios sentimientos. En esta pintura unas figuras calladas, casi de espaldas al espectador, están detenidas en el borde de un sendero que arranca del primer término del lienzo. Los recodos de este camino, que nos introduce en los campos, se aprovechan para insertar dos grupos más de mujeres en actitudes también de silencio. La luna visible todavía en lo alto del firmamento se contrapone con su resplandor a la fría luz del amanecer que empieza a inundar el horizonte. La luna y el amanecer junto con la estación elegida por Friedrich, el momento en el que invierno todavía presente empieza a dar paso al nacimiento de la primavera, se han interpretado como signos alusivos a la muerte y a la vida después de la muerte. El mensaje de esperanza que difunde el pintor se traduce en esta Mañana de Pascua en un clara referencia a la Resurrección.

Mar Borobia (Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid)
 

 

Con ojos de Pascua

 


 

La Vida (1993) de Silvio Rodríguez

La vida de un pájaro en vuelo, la vida de un amanecer,
la vida de un crío de un bosque y de un río, la vida me ha hecho saber.
La vida del sordo y del ciego, la vida que no sabe hablar,
la del triste loco, la que sabe a poco, la vida me ha hecho soñar.
La vida voraz que se enreda, la vida que sale a jugar,
la vida consciente que queda, la vida que late en el mar.
La vida que brota de un muerto, la vida que no se murió,
la de los desiertos, la de un libro abierto, la vida me ha hecho cual yo.
La vida que alumbra en el trueno, la vida final de un adiós,
la vida goteando de un seno, la vida secreta de un dios.
La vida que pende de todo, la vida de cada emoción,
la vida en exceso, la vida de un beso, la vida me ha hecho canción.


A la Luz de la Resurrección

Tu vida es también una de esas grandes historias. Recórrela a la luz de La Resurrección de Jesús. Recuerda los acontecimientos más destacados y las personas que están presentes ¿Qué signos de Resurrección llenan de esperanza las noches de tu vida? Y continúa la letra de la canción de Silvio Rodríguez con tus propias imágenes y versos…
 

 

 

 

 

 

MATERIAL

 

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